viernes, 20 de mayo de 2016

INSEGURIDAD EN LA UCV


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¿Realidad o ficción? 

La intranquilidad que se vive diariamente en los alrededores de la Universidad Central de Venezuela es un cara y sello contra la violencia, no importa el lado en que cae la moneda: La inseguridad y la violencia resultarán vencedoras. Es un juego más cruel que la ruleta rusa.
Anteriormente resaltábamos el hecho de que la Universidad es una frontera abierta con la ciudad. Una ciudad contaminada por todos los males sociales y que continuamente perturban la armonía de nuestra casa de estudios. La violencia callejera es de los peores males que puede inundar a una sociedad— Mucho más grave a un recinto universitario.
El  estudiante debe convivir constantemente con el temor de si le pasará algo mientras sale de clases a las 9 de la noche camino de su facultad a la estación de metro. ¿No es preocupación suficiente la de tener que lidiar con parciales, talleres, exposiciones, etc. como para también sentirse agobiado por una situación que en otro país desarrollado sería anormal?
El temor es un síntoma biológico, una especie de virus silencioso, que habita en nuestro ADN y que se expande día a día en nuestro recinto en un ambiente gobernado por la inseguridad. ¿Será ficción? ¿Una extraña sensación que nada tiene que ver con la realidad?, Supongo que es algo que la mayoría nota, pero es incapaz de exteriorizarlo y exigir soluciones a quienes tienen el deber de proporcionar seguridad en un espacio donde lo primordial es el conocimiento. No puede haber conocimiento en un mundo de miedo. El miedo a ser asaltados cambia el comportamiento de las personas, afectando la forma como se desenvuelve en la sociedad, el estilo de vida; porque el miedo a la inseguridad impacta en lo individual, afectando a un colectivo y la manera en cómo conforman sus círculos sociales, alterando el área donde se desenvuelven.
Cada día enfrentamos esta realidad en el recinto universitario, y a pesar de algún levantamiento de voz y alguna que otra tímida convocatoria a una asamblea, toda propuesta a la final queda en eso: Una simple propuesta que quedará archivada en cualquier lugar recóndito y el silencio pusilánime que normalmente habita en órganos competentes de la universidad. Un silencio al cual nos empezamos a acostumbrar. Porque en la UCV ha habido más de 23 propuestas de seguridad, considerando a la última, como una burla hacia la comunidad estudiantil, que quedaron en simples promesas y un nefasto plan piloto. Y es que desconocemos las razones por las cuáles no se llevó a cabo la implementación definitiva del corredor vial UCV, que consistía en la solicitud de calcomanías para vehículos y motos en los siete puntos más importantes de la Universidad.
En el 2010 el Tribunal Supremo de Justicia ordenó suspender las instalaciones de los portones alegando que privatizaban el espacio que es libre para el disfrute de los venezolanos. Un año más tarde, en un trágico mes de  Abril del 2011, asesinan en los alrededores del edifico trasbordo a nuestro compañero Pedro Trejo, estudiante de 4to año Administración. ¿Qué hubiese ocurrido de no haberse ordenado la suspensión de los portones en las tres gracias, minerva y técnica?. No podríamos aseverar que Pedro Trejo habría cumplido su sueño de posar debajo de las nubes de calder, pero seguramente sí que hubiese bajado el índice delictivo de la Universidad.
Sabemos que el principal problema de los hechos delictivos que ocurren en el recinto es del hospital clínico universitario, ya que cualquier ciudadano tiene la entrada libre si justifica que solo se dirige a dicho hospital. Otro inconveniente es llamada autonomía universitaria que implica que cualquier suceso que ocurra dentro de las áreas universitarias es solo y únicamente potestad de las acciones que tomen las autoridades para poder resolver el problema; Por tanto es responsabilidad de las autoridades universitarias, de la rectora, dar solución en el tema de seguridad.
El dirigente nacional de la Federación de Trabajadores de la Salud (Fetrasalud) Pablo Zambrano, recientemente alertó sobre la presencia de bandas criminales instaladas dentro del Hospital clínico Universitario, asegurando que mantienen amedrentados al personal de la institución, elevando los índices de inseguridad, tanto del recinto universitario como del propio hospital. Destacó que se trata de personas que son personal nómina de la institución, con antecedentes penales: «Se dice que muchos de ellos han sido pranes en centros carcelarios».
Y es que el hampa dentro de la universidad no es un caso reciente, desde hace décadas se cometen todo tipo de ilegalidades dentro del recinto, todos al margen de la ley y en continuo progreso. Otro de los graves problemas que aumentan el delito es la falta de iluminación en los puntos más importantes del recinto—Existen rincones que no recuerdan cuándo fue la última vez que presenciaron la intensidad del brillo de las farolas, las luces se apagaron… para no despertar nunca más.
Lo más preocupante de la situación no es ser asaltados un día y otro también, es que perjudica a una gran parte de la población estudiantil nocturna; y es que en las facultades de Faces y Humanidades, algunas escuelas se han visto obligadas a recortar sus horarios, lo que implica menos oferta de materias y horarios. Hasta hace tres semestres, en la Universidad, sólo dos profesores de comunicación social se “atrevían” a dar clases hasta las 10 pm. Docentes de otras facultades también cumplían ese horario. Pero debido a robos y atracos, a las 8pm se cierran las aulas. Desde las 7pm el cuerpo de vigilante apuran a la gente para que abandonen las instalaciones.
La Universidad carece de iniciativa e imaginación ante una situación que daña a su entorno, y que es el fiel reflejo de lo que ocurre en todo un país. Parece insensato tener que aislar de la sociedad a la universidad que está dentro de la ciudad para poder devolverle la tranquilad que se añora desde tiempos lejanos, pero puede ser una solución. Seguramente tendremos que esperar otro caso “Trejo” para ver despertar a toda una comunidad.


Por: Miguel Valero

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